Muy pronto el ojo limpio del niño se nubla
con ideas y opiniones, preconceptos y abstracciones.
El simple ser libre se va incrustando en la pesada armadura del ego.
Muchos años más tarde se despierta un instinto que reconoce que un
sentido vital del misterio ha sido sustraído.
El sol brilla a través de los pinos, y el corazón es penetrado en un
momento de belleza o de extraño dolor, como un recuerdo del paraíso.
Después de ese día.. nos transformamos en buscadores.
PETER MATTHIESSEN
Zen, Editorial Integral, Página 75
