Un monje preguntó al maestro Kegon:
“¿Cómo regresa al mundo ordinario alguien que ha sido iluminado?”.
Kegon le respondió:
“Las flores y las hojas caídas jamás retornan a sus antiguas ramas”.
KOAN ZEN.
Un monje preguntó al maestro Kegon:
“¿Cómo regresa al mundo ordinario alguien que ha sido iluminado?”.
Kegon le respondió:
“Las flores y las hojas caídas jamás retornan a sus antiguas ramas”.
KOAN ZEN.
Así termino mi post de ayer:
“Tu trabajo interior te irá devolviendo el fruto de la LIBERTAD”.
Ya no te atas a ninguna rama del pasado.
¡Me encantan tus escritos ZEN!
Hola!
Es tán clara esta imágen que sólo queda el silencio.
Un saludo!
Hace unos quince años fui a visitar el monasterio budista de Osel Ling, entonces andaba muy preocupado por la iluminación. Había un monje muy amable llamado Tubten al que le pregunté: ¿Es posible lograr iluminarse llevando una vida normal?, el monje me respondió: “Es posible, sólo que es mucho más difícil.”. Creo que tenía razón en ambas afirmaciones, por una parte he encontrado gente iluminada en la vida diaria, no muchos pero sí algunos; por otra parte me he dado cuenta de lo fácil que es perderse, perder la senda, perder la luz o como queramos llamarlo, en la vida ordinaria. Sin embargo, también es cierto que perderse no es algo definitivo, no lo es para nadie. Si no está enfermo de modo irremisible, hasta el delincuente que ha cometido los peores crímenes puede rendirse a la realidad de la vida, percibir de repente cómo la mente turba su visión de las cosas, entonces el sufrimiento por lo hecho puede llegarle de un modo repentino y con una gran dureza, pero llevará consigo el poder con el que afrontarlo. La persistencia en mantenerse en un estado de claridad mental lavará su dolor interno y lo devolverá, a pesar de su carga, a un estado de inocencia y pureza. Ya no habrá oscuridad en él aunque el miedo de otros aún crea percibirlo, pero desde su esencia más profunda sabrá que es de nuevo un ser limpio.