Un nombre PROPIO es un derecho humano. El derecho a la individualidad y al respeto a la unicidad que hay en cada uno de nosotros.


Siempre me ha parecido un aigno de atraso, el poner a los niños nombres “en homenaje” a algún familiar. Yo soy uno de esos niños, tengo el nombre de mi madre. Mi hermano tiene el de mi padre. Y mi pareja el de casí toda su familia.

Sé por deducción que el poner el mismo nombre que uno tiene al hijo de uno es claramente un tema narcisista, una necesidad de conseguir en el otro la vida que uno no tuvo, por ejemplo.

Y en el caso de los nombre de uso de “familia extensa”, es terrorífico perderse en tal ausencia de individualidad colectiva. Tanto que cuando estos niños son mayores, si el pariente homenajeado se llama por ejemplo “fernanda”, nos encontramos con 6 “fernandos y fernandas” en la primera generación, y cuando pasamos a la segunda entramos ya en una estadística de 12 “fernandos”. El problema es que el apellido si es patrolineal, será siempre el mismo, con lo que cual la única forma de distinguirlos en una comida familiar será “fernando garcía” el del pueblo X, “fernanda garcía” (la hija de la tía Y), “fernando garcía” (el que vive con Conchita), etc, etc.

Es un ataque al derecho a la individualidad, al derecho a ser uno mismo, y no la copia inconsciente de algún lejano y adorado pariente. De ahí la importancia que le doy al artículo que sigue, creo que tiene mucho que enseñar, y por favor ¡ Porneles a vuestros hijos nombres auténticamente PROPIOS!

Artículo:

¿Te llamas como alguno de tus progenitores o como algún familiar? Ten cuidado. Es posible que estés viviendo un destino que no te pertenece, marcado al ponerte ese nombre.

Así lo asegura el psicoterapeuta, coach y constelador Jorge Llano, quien explica que al llamar a un niño como a un familiar “se le invita a que ocupe el lugar del otro, porque un nombre tiene una historia y es muy posible que ese niño acabe identificándose con el destino de ese nombre”.

De hecho, hay niños que se llaman como uno de los abuelos y que, cuando hablan, parece que “el que está hablando es el viejo usando el cuerpo del niño”, destaca Llano. Eso es lo que en psicogenealogía se denomina el ‘efecto ventrílocuo’ y que se produce cuando una persona habla como si fuera su antepasado.

“Hay un narcisismo cuando se pone el nombre del padre al hijo, porque ahí el padre quiere clonarse, marcarle un destino a su hijo y empujarlo a que viva cosas que él no ha podido vivir”, advierte.

Si el nombre pertenecía a un familiar fallecido, es posible que “te conviertas en un sarcófago porque llevas un muerto dentro que también se expresa y que hace que el vivo se sienta un poco muerto”.

Tu nombre escrito en una lápida
Llano pone como ejemplo el caso de María del Carmen, con el mismo nombre de su hermana muerta, quien de niña iba al cementerio y se impresionaba al ver una tumba con su nombre y apellido. Hoy, a los 34 años, no le encuentra sentido a la vida, padece depresión y lleva dos intentos de suicidio. El problema es que tiene a su hermana fallecida ‘encriptada’ y siente que esa hermana a la que no conoció se expresa a través de ella.

El psicoterapeuta Jorge Llano.
Para personas a la que les sucede lo mismo que a María del Carmen la idea de fallecer incluso se plantea como un descanso. “El amor los lleva a la vida y el muerto, a la muerte, los encripta, de modo que no ocupan un lugar en el sistema, son hojas viejas que no pueden representar lo nuevo”, explica este psicoterapeuta, quien detalla que una cura para caso como el de María del Carmen es hacer “un ritual de nacimiento para despedirse de ese muerto”.

La recomendación de Llano es contundente: “Nunca se deben repetir los nombres en la familia”. ¿Qué hacer cuando el daño ya está hecho? La solución es que la persona que se llama como algún ascendiente tome conciencia de que tiene “una capacidad para torcer el destino, para volver al alma de la familia y recuperar el sentido profundo de la existencia de la misma”, asegura Llano.

El consejo de este psicoterapeuta, quien dirige en Colombia la escuela Transformación Humana y que impartió la semana pasada un taller sobre el amor organizado en Barcelona por el Institut Integratiu, es buscar para los hijos nombres que no formen parte del árbol genealógico y que sean afines al legado familiar.

Como legado Llano entiende aquel don que se le da a determinada progenie para que lo haga florecer generación tras generación. Hay, por ejemplo, familias en los que algún miembro ejerció de curandero, después otro fue enfermero y ahora hay alguno que es médico. El legado de esa familia sería dedicarse a la sanación, pero hay “muchas veces que no se transmite ese legado lo que provoca que el árbol genealógico enferme”.

El inconsciente familiar
Llano está convencido de que si el psicoanálisis fue la revolución del siglo XX gracias al descubrimiento del inconsciente por parte de Freud, la revolución del siglo XXI será la psicogenealogía al explorar el inconsciente familiar. “Trasladamos el inconsciente de nuestro árbol genealógico por generaciones y esto nos hace proyectar sobre los hijos lo que antes proyectaron en nosotros nuestros padres y a la vez sobre ellos nuestros abuelos, de modo que los arquetipos se adueñan de las personas y hacen de ellas meros juguetes del árbol familiar”.

De ahí, que al igual que sucede en ‘Cien años de soledad’, la obra cumbre de Gabriel García Márquez por la que desfilan Aurelianos, Josés y Arcadios condenados a sentirse solos, en el árbol familiar se repitan los nombres, las profesiones, las ideas, las circunstancias emocionales y sexuales, e incluso enfermedades, muertes y accidentes.

“Nuestra familia estaba cuando llegamos y seguirá cuando nos vayamos”, explica Llano, para quien cada uno de nosotros tiene a sus espaldas una línea generacional que lo conecta con el primero de los hombres y la primera de las mujeres. “Somos hoy la generación de los vivos pero mañana seremos en la familia la generación de los muertos y serán los hijos, los sobrinos, los nietos los que nos sentirán en sus espaldas y percibirán la incapacidad, la patología, la inconsciencia y la fuerza, el sentido y el orden que hemos ofrecido a nuestra familia”.

Ir a las raíces
La manera de romper este círculo es ir a las raíces de ese árbol genealógico para conocer cómo es el follaje, de modo que se puedan disolver las cargas familiares con el fin de usar los recursos propios para recuperar el destino. “Desde el mismo momento en el que alguien toma conciencia de la enfermedad de su sistema familiar, inicia un proceso de curación de su genealogía y la liberación de sus dinámicas ocultas, rompiendo y desvelando tabúes y secretos familiares que enfermaban el árbol genealógico”, detalla Llano.

“¿De qué murió la hermana de María del Carmen? Investíguelo todo. Pregunte hasta lo más insignificante, desvele los secretos, abra los cajones. Interrogue a la abuela, visite al tío loco. Todo lo que se calla en una generación lo grita la siguiente”, asegura Llano, para quien ésta es la manera de oxigenar un árbol genealógico, garantizar su supervivencia, contribuir a su fortalecimiento, a que eche ramas y a que algún día dé flores que acabarán transformándose en frutos.

Psicogenealogía
La psicogenealogía es el estudio del inconsciente familiar a través del árbol genealógico, en el que se originan mucho de los problemas de cada uno de nosotros y donde conviven tanto nuestras posibilidades de realización como los guiones de nuestro fracaso. Así lo asegura el fundador de este movimiento en los años 80, Alejandro Jodorowsky, quien ve en la psicogenealogía la posibilidad de liberarse de los antiguos anclajes tóxicos que actúan sobre las personas y sobre familias enteras de forma inconsciente.

Artículo de http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/26/espana/1322304818.html

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4 pensamientos en “Un nombre PROPIO es un derecho humano. El derecho a la individualidad y al respeto a la unicidad que hay en cada uno de nosotros.

  1. Exponer sus ideas cualesquiera que estas sean. Es su don o su virtud. Es la expresion de su voluntad. Habra muchos que les guste por sus razonamientos. Habra quien piense lo contrario porque esa es la forma que predica. Pero pienso que lo mas importante es expresar. Es hacer algo como nadie mas. Mi mayor estimulo para Usted. Continue siempre siempre como hasta ahora.
    Omarito

    • Gracias Omarito, por sus bellas palabras. Me consta que no soy nada “normal”:). Desde niña, me duele el dolor ajeno. Siempre digo que enfermé de empatía. Este blog es sencillamente una forma de canalizar esa energía. Un abrazo

  2. Hola. Siempre me ha parecido mal la costumbre de repetir nombres en la familia, porque crea confusion y sentia que el que lleva nombre repetido sale perdiendo en identidad propia. Igual que ponerle ropa igual a los hermanos, sean gemelos o no. Lo he rechazado siempre y solo he probado un dia y me arrepenti.
    Hay otra cosa que me parece igual o peor, que es nombrar a las personas por su apellido. Hay paises donde se llama asi no solo al pasar lista en colegios, sino que se usa el apellido para llamar a las personas, adultos y hasta niños. En Japon es asi y cuando hablas con alguien sobre un niño y su familia, se añaden sufijos que indican respeto o juventud. Ejemplo: Sato san (Sr. o Sra. Sato), Sato kun (niño Sato), Sato chan (niña Sato). No me gusta este sistema, me enredo al hablar, pero ahora entiendo que tambien sentia rechazo porque niega la personalidad de cada individuo. Es una cultura donde se valora trabajar en equipo y anular los intereses personales (excepto en hobbies o aficiones). No lo veo nada ideal.
    Mis hijos tienen dos nombres cada uno, uno japones y otro catolico, nada comunes ninguno de los dos, elegidos por su significado. Al combinar de dos idiomas es dificil que se repitan con otras personas de cualquier pais. Esto tambien evita confusiones con cuentas bancarias, historiales medicos y otros. Aun asi sigo dudando si el caracter guason del mayor es porque su nombre japones significa algo como “jugar” y si el de la menor, que significa “el color del cielo al atardecer” tenga algo que ver con su autismo (ese color del cielo se debe a la contaminacion, muy relacionada con el autismo).

    • Cristina parece que escribes desde Japón. Por tus datos, entiendo que al menos en parte eres occidental. En España, al menos en los trabajos y en las instituciones educativas (las menos avanzadas) llaman a los alumnos y trabajadores por el apellido. Es terroríficamente anti-individual. No me agrada tampoco esa característica de la sociedad japonesa.
      Los nombres de tus niños deben ser preciosos .. y muy individuales. Me han encantado los comentarios finales sobre sus nombres:)
      Otra cosa que no me mencioné es la tradición actual de repetir determinados nombres en las personas hasta el infinito. En la zona donde soy vivo muchas niñas-mujeres son por ejemplo “Sara”, “Ana” y muchos hombres “Angel” o “Alberto”. En fin, que no es imposible conocer a 40 Albertos y no acabar recordando que Alberto es quién. Creo que aún deberíamos tener más opciones de individualización con los nombres

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