
Imagen procedente de Blog Las Provincias
VIOLENCIA DE GÉNERO
Siempre me ha sorprendido la reivindicación pasional que ponen algunos hombres respecto a la invisibilidad de los hombres que sufren violencia procedente de sus parejas feméninas. Hace años me auto-etiquetaba como feminista y rádical. En aquel momento, esta reinvidicación me hubiese parecido sacrilegio, porque procedo de un entorno donde la violencia del hombre hacia la mujer era lo “normal”, donde las mujeres eran de “segunda clase” y “servían” a sus maridos. Y cuando tuve posibilidades de aprender más, supe que esta situación era “normal”, porque después de todo, había sido así siempre, por los siglos de los siglos. Cuando un hombre ante la violencia de otro hombre u hombres hacia las mujeres, sale por peteneras reclamando la misma atención mediática para los hombres que sufren violencia de sus mujeres, por un lado, me parece tan humillante para las víctimas, como cuándo muchos individuos niegan la existencia de determinadas masacres o genocidios, a pesar de existir pruebas y más pruebas, y más pruebas.
Esto no implica que no se deba de prestar atención y proteger a la víctima masculina de una pareja heterosexual. Pero creo que son dos temas diferentes. Y en ello incidiré en esta entrada.
PERO.. ¿QUE ES LA VIOLENCIA DE GÉNERO?
Entiendo por violencia de género o sexista, aquella que un individuo ejerce sobre otro casí exclusivamente POR PERTENECER A DETERMINADO SEXO. Según esta teoría, la violencia de género, se puede aplicar de hombre a mujer (mayoritariamente, desgraciádamente), de mujer a hombre, de hombre a hombre o de mujer a mujer, SIEMPRE QUE LA MOTIVACIÓN QUE LLEVA A LA AGRESIÓN SEA QUE circunstancias rodeadas con la pertenencia a determinado SEXO DEL AGREDIDO Y EXCLUSIVAMENTE ESTO, SEA el factor causal más importante de la agresión.
VIOLENCIA DE GÉNERO POR TRADICIÓN HISTÓRICA Y ENTORNO CULTURAL FAVORABLE. VIOLENCIA DE GÉNERO DE HOMBRES A MUJERES.
(Inspirado en un EXTRACTO DE WIKIPEDIA)
De wikipedia: “Con el término género se ha venido aludiendo a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc, provocadas desde las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas, existentes entre hombres y mujeres.”
Desde esta perspéctiva, la violencia de GENERO, se refiere a una violencia relacionada con una situación diferencial entre parejas heterosexuales.
Desde esta óptica, existen unas diferencias históricas probadas, de trato diferencial, en función del sexo de las personas. Diferencias históricas, que han coincidido en la mayoría de las sociedades, con pérdida o ausencia de derechos hacia el lado de las mujeres. Y por tanto, mayor vulnerabilidad facilitadora de agresiones hacia ellas, procedentes del colectivo masculino.
El drama por vivir, es que esto no solo está en el pasado histórico. Seguimos jugando a los roles diferenciales, seguimos educando a los niños y a las niñas en ellos, seguimos enseñándoles que tienen “funciones diferentes” mucho más allá de lo naturalmente biológico y la consecuencia inevitable ha sido, es y será el mantenimiento del statuo quo de desigualdades, más sutil en las sociedades occidentales -porqué ya no estamos en el siglo pasado y tenemos unas cuantas lecciones aprendidas por ambos bandos-, pero no por ello menos doloroso, sobre todo para las niñas o adultas que sufren o sufrirán la violencia de género.
La prueba de que seguimos en ello, está en que muchisimas mujeres creen sinceramente que siguen en venta. El vivenciarse a una misma como un preciosisimo objeto sexual “cosmopolitano”, cuya forma de afrontar cada infortunio es el de poder realizarse con un buen corte de pelo, o la compra de objetos que realzen la fantástica calidad del objeto en que nos hemos convertido. Como anécdota, recuerdo a mi madre, cuando me insistía en que contonease las caderas al andar, ante mi elegido andar de pato:).
No me molesta el erótismo y las conductas eróticas, no asociadas a fines poco claros. Lo que me entristece es ver pasar a muchos objetos femeninos contoneando sus caderas al ritmo de unos pensamientos focalizados en cumplir las expectativas sociales que sus madres, sus padres o sus amigas, han puesto en ellas .
Me entristece ver que esas personas no son libres, saber que están sujetas a una programación social, que han perdido el contacto con lo que ellas son de verdad en su interior.
Me entristece saber que el objetivo final de esta exhibición permanente en el mercado es conseguir el mejor comprador masculino posible. Y que para ellas no es imprescindible, para nada, tener sentimientos “naturales” hacia eses hombres, de esos que unos seres humanos tenemos hacia otros seres humanos.
Y después de esta venta sutil, está la no sutil, la demanda de hembras con carrocería comprable. Una prostitución que sigue siendo en la gran mayoría, trata de esclavas, y en otro porcentaje, esclavas por que no les queda más remedio. Que pena, después de lo que hemos pasado tras la declaración de los derechos del “hombre”, con todo lo que ha llovido, en pleno siglo XXI, y esto aún no se cuestiona lo suficiente para producir un cambio de mentalidad social.
Este entorno social y la educación cultural que están recibiendo los niños y las niñas de principios del siglo XXI, produce hombres que heredan de una tradición histórica, con pequeñas variaciones en función de nuestra época, con conceptos como la existencia de una desigualdad a su favor, donde saben que siguen siendo los “compradores”, los que eligen, los que deciden. Y el comprador, compra propiedades. Que en este caso, son seres humanos del sexo femenino.
Esto se convierte en el perfecto caldo de cultivo para situaciones dolorosas e injustas, que separa a los seres humanos en dos bandos,por razón de su forma biológica, uno el ganador y otro el perdedor, y que además sigue haciéndonos creer la mentira de que los diferentes roles y educación nos convierte en esencialmente distintos, e incluso enemigos.
Y que mejor prueba de esta enemistad, que una estadística escalofriante donde se muestra quién tiene el poder en la sociedad bajo el dominio de la ley no escrita de “la maté porque era mia”.
En esta violencia están incluídos no solo la violencia de hombres hacia su pareja femenina, sino hacia sus relaciones familiares del sexo femenino (hijas, madres, sobrinas, etc.), o incluso mujeres ajenas a la familia, trabajadoras, compañeras de trabajo, con las que ejerce la violencia por el hecho de ser mujeres.
VIOLENCIA DE GÉNERO SIN CAUSALIDAD HISTÓRICA Y SIN ENTORNO CULTURAL FAVORABLE.
- VIOLENCIA DE GÉNERO DE MUJERES HACIA HOMBRES.
Existen mujeres maltratadoras de hombres. Son minoría, pero existen. Ellos lo llevan, posiblemente, dentro de una relación en la que son dependientes emocionalmente, relación que atrapa con igual dolor que cualquier otra dependiente. Pero con la desventaja de tener que callarlo socialmente so pena de pasar por una humillación social aún mayor. Nadie se compadece de estes hombres, nadie se preocupa por ellos. Quizá dentro del colectivo feménino se considera una “cierta compensación” social por siglos de dolor – Según Ekhart Tolle “el cuerpo del dolor feménino”-. De ahí la poca sensibilidad hacia ellos de muchas mujeres.
Yo, que antepongo mi cualidad de ser humano, frente a ninguno de los roles que la sociedad me ha grabado a fuego, creo que como seres humanos, merecen comprensión, empatía y ayuda. Ellos no tienen la culpa de las injusticias provocadas por su colectivo durante siglos.
Detrás de mi pasado de militancia femínista, detrás de mis convicciones actuales de corte femínista, está ante todo un profundo humanismo.
Una cosa es aceptar la realidad, como es, una realidad donde la situación histórica de la mujer ha sido prueba de un atentado constante a los derechos humanos; una realidad en la que en la actualidad, se siguen sufriendo las consecuencias de ese pasado, con luchas que aún quedan por ganar (en la sociedad occidental) y donde el pasado sigue presente en los seres humanos del sexo feménino de sociedades no occidentales, que siguen sufriendo atentados a sus derechos humanos por el hecho de ser mujeres.
Pero otra cosa es negar o minimizar la importancia de hombres que sufren las agresiones de mujeres, exclusivamente por ser hombres. Yo creo que esto es violencia tan de género la una como la otra, en tanto se realiza porque para la mujer agresora, el hombre por serlo es un ser despreciable merecedor de agresión. Y si puedo ¿porque no aprovecharme?
La diferencia, de la violencia de mujer a hombre, es que es minoritaria y no tiene bases históricas en tanto colectivo mayoritario que sufre agresiones de género. Son las excepciones que confirman la regla. Pero la violencia, sigue siendo violencia, no nos engañemos. Y nunca es justificable.
¿Y que hay de sus torturadoras?. Creo que muchas de estas mujeres necesitan dañar a hombres, quizá por haber sufrido en sí mismas, en algún momento de sus vidas, alguna forma de violencia de género masculino, de origen cultural.
Mujeres que buscan hombres más débiles para vengarse simbólicamente de la violencia que han tenido que sufrir de hombres más fuertes que ellas.
O quizá, como otra posibilidad, porque en su entorno familiar excepcional, las mujeres eran las que tenían el poder de la violencia, en una relación familiar donde no conocieron el significado de relacionarse con otros con amor o respeto.
Creo que en este caso se podría hablar de violencia de género o sexista, pero sin tradición histórica ni potenciada culturalmente.
VIOLENCIA DE GÉNERO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO.
Creo que es posible hablar de violencia de género en una relación homosexual, en tanto la razón de la violencia del agresor, esté relacionada con el sexo al que pertenece el agredido. Como cuento en las causas, posiblemente por evocación de la violencia sufrida previamente por una figura adulta del mismo sexo al que agrede el agreso.
– Violencia por género en función del rol desempeñado en la relación.
Creo que puede haber agresores, que agredan a sus parejas, no tanto en función de su sexo biológico, sino más bien en función del rol sexual (hombre con características más femeninas, o mujer con características más masculinas) que desempeña el agredido en la relación, que puede evocar en el agresor, de forma inconsciente, recuerdos de la violencia ejercida por figuras adultas de esas características. Pienso que en este caso, se podría hablar de una violencia más de roles que de género.
VIOLENCIA NO DE GÉNERO SIN CAUSALIDAD HISTÓRICA, VIOLENCIA HACIA LA PAREJA
Otro tema es la violencia entre personas, formando parte de parejas sexuales, pero que no está relacionada con la violencia ejercidad en relación al conjunto de valores heredados de la tradición histórica sexista, con la aplicación de la violencia sexista mayoritariamente de el colectivo masculino al femenino. Ni con otras formas de violencia de género o de rol, sino exclusivamente con patologías procedentes de la historia personal de los individuos.
Aquí no se agrede al otro, por razones relacionadas con su pertenencia a determinado sexo, se agrede al otro por razones relacionadas exclusivamente con la patología del agresor, una problemática que le hace agresivo y violento, tipo del algunos trastornos de la personalidad, sociopatías, e incluso algunos desequilibrios químicos u hormonales. (Esto no es excluyente de que el agresor por razón de género, no sufra de determinadas patologías “incentivadoras”).
El agresor necesitar dañar ya sea a su pareja más débil, a sus propios hijos y por supuesto, y a todo el que se encuentre en su camino, si las circunstancias se lo permiten. Este última característica es el que lo hace un perfil distinto del violento de género, el que le es igual hacer daño a cualquier otro, el que no tienen por que ser miembros feméninos de su familia.
En este caso queda claro, que el objetivo no es el otro por su género, sino la necesidad de expulsar la violencia que previamente se ha absorbido del ambiente de origen.
ALGUNAS DE LAS CAUSAS PSICOLÓGICAS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO. INTENTANDO COMPRENDER LAS RAZONES DEL AGRESOR (NO JUSTIFICANDOLO JAMÁS).
En tanto, en toda pareja se trae a la relación de manera inconsciente patrones, roles, frustracciones, deseos, procedente de la familia tradicional de mujer/hombre en el que nos criamos, es fácil caer en la trampa de transferir al otro los defectos, los traumas, los miedos que, el padre o la madre, de la familia de procedencia, u otra figura adulta, que en razón de su sexo, nos han causado.
Y del agresor primigenio – padre o la madre, u otro sujeto adulto que haya provocado el trauma en el agresor-, se transfiere a la pareja agredida, de forma completamente inconsciente, la necesidad de curar la herida producida por el agresor de origén. Para curarnos, muchos seres humanos, usamos el mecánismo de revivenciar inconscientemente situaciones similares a las que nos traumatizaron, de forma compulsiva, para poder sentir que tenemos el control de aquella situación, y que por tanto no se repetirá nunca más. Antes de asumir el rol de adultos viriles necesitados de afirmación de su virilidad, fueron niños. Y creo que ahí está la clave de la conducta fútura. No creo que un niño criado en equilibrio emocional y amor, por mucho ambiente externo sexista que haya, pueda sentir la necesidad de agredir a nadie.
DE JUAREZ UN SÍMBOLO DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO COLECTIVO DE CAUSALIDAD HISTÓRICA, EN EL SIGLO XXI
Aprovecho para dejar aquí el enlace a la asociación Mujeres de Juarez, una asociación muy muy valiente, y que es la plasmación simbólica de la violencia de género http://www.mujeresdejuarez.org/
Hablando específicamente de la violencia masculina hacia las mujeres de manera global, en esta web, usan el término femícidio y feminicidio, que en este contexto me parece acertado dejar plasmado aquí.
Si aceptamos la violencia hacia las mujeres como algo global, que se produce en todo el mundo, que afectó, afectá y afectará a millones de mujeres, y donde se producen habitualmente muertes, se podría hablar de un genocidio de mujeres, en tanto que afecta a un enorme colectivo de seres humanos. A esto, el movimiento feminista lo define como “feminicidio“.
Si hablamos del concepto de asesinato de mujeres por el hecho de serlo, de forma más bien individual, sin aludir a su carácter global ni su causalidad cultural, el movimiento feminista opta por el concepto “femicidio“.
Aquí dejo el extracto procedente de la misma web. “
Femicidio y feminicidio: Existe un gran debate en el movimiento de mujeres y feminista acerca de la manera de llamar a los asesinatos contra las mujeres en razón de su sexo. Algunos autores se basan en la terminología usada por Jill Radford y Diana Russell, autoras del libro Femicide: The Politics of Woman Killing, de 1992. Marcela Lagarde, teórica, antropóloga y diputada mexicana, establece que la categoría feminicidio es parte del bagaje teórico feminista introducido por estas autoras estadounidenses bajo la denominación femicide que, traducida a nuestro idioma es femicidio, término homólogo a homicidio, que sólo significa asesinato de mujeres. Sin embargo, para marcar una diferencia con ese término, Lagarde escogió la voz feminicidio para hablar de genocidio contra las mujeres, lo que lo convierte en un concepto de significación política. Fuente: Mujereshoy, Paola Dragnic.”