Escribir como terapia. La eutanasia de un perrito casí mio. Dedicado a todos los ANIMALES humanos


No sé por donde empezar.

Este verano, me enfrente a la muerte física por primera vez. No es que no haya corrido riesgos en mi vida, ni que no haya pasado enfermedades graves. Fué algo muy directo. Tuve que decidir la muerte de un SER.

No voy a dar nombres, pero sí que voy a dedicar esta entrada a todos los ANIMALES que se creen que un animal doméstico (o no) es un CUBO DE BASURA. Es decir, que puede ser alimentado con los restos de la comida humana, sin discriminar lo que puede hacerles realmente daño de lo que no.

Este perrito, de esos perritos que todos conocéis o conoceréis (cariñoso, simpático, juguetón), era una miniaturita de perro. Vivía encerrado con otro perra supergrande, pero muy bueno, llamada shila. Encerrado en una jaula relativamente grande, que transcurre paralela al largo de una finca de veraneo.

A pesar de que el veterinario les advirtió del peligro de que el sistema digéstivo de los animalitos se rasgase y provocase pérdida de materia fecal y con ello septicemia y muerte muy dolorosa (como la viví yo con él), el ANIMAL que los ¿cuída?, pasó olimpicamente. Después de todo, todo lo que no es humano es COSA y solo eso.

Pues así pasó, el intestino de Yasim, se rompió en mil pedacitos, no se sabe si por la multitud de espinas, que tuvo que tragar para sobrevivir, o huesos rotos, o cáscaras de marisco. Vete tú a saber.

Yasim murió sobre una sucia mesa metálica de veterinario, casí a oscuras, entre sus propios vomitos. Y fué por decisión mia, porque el veterinario me dijo que podía vivir unos dos días más entre grandes sufrimientos o morir allí en unos minutos que se convirtió en una hora, en realidad. La decisión parecía clara ¿verdad?. Aún recuerdo el pimiento que quedó colgando en sus labios, como último resto físico de la causa de su muerte y un recordatorio para mi de por vida, de lo terriblemente crueles que podemos llegar a ser los seres humanos.

Pero esto en tiempos de elevación a los altares del derecho de matar animales porque forma parte de una cultura (o de su utilización política por parte de otros, con fines de generar diferencias y violencia entre personas, me es igual), está como fuera de lugar. Por que normalmente, no puedo estar ni con unos ni con otros. Parece obligatorio ¿verdad? estar en algún sitio donde están “los otros”.

En Galicia, suele ser muy habitual el maltrato animal de animalitos domésticos, condenados a un encierro forzoso, que les lleva a una locura (por ahora no medible por ningún “formato” de psiquiatra animal), y a una alimentación basada en restos no discriminados que les lleva a muertes dolorosas.

El veterinario me dijo cuando se estaba muriendo “Si muchos estuviesen aquí viendolos morir, quizá no hiciesen lo que hacen”. Yo lo dudo, el que es ANIMAL HUMANO, lo es de por vida.

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