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Privar del derecho a la salud a los seres humanos es inmoral e injusto. Firma aquí.


Nota importante: Que conste en acta que no actúamos desde aquí en función de lo bien o mal que nos parezca la ideología del gobierno de turno. Y que lo mismo haremos si medidas similares a esta las propone otro tipo de gobierno con otro tipo de ideología. De hecho, no me gustan los gobiernos, soy una yaya (abuelita) perroflauta en ciernes:).

¡Pero eso de aferrarse siempre al más débil para solucionar lo insolucionable como que no¡.

Mi amigo Juan Carlos, que es un chico muy inteligente y de creencias religiosas católicas critico con el sistema, es el creador de esta entrada, y propietario del blog de la temática mencionada “Maranatha” (que está en otra onda que la mía, pero que me gusta porque es un ejemplo de la fuerza y el derecho a la libertad de expresión:). Ël, ha escrito esta entrada para sensibilizarnos a todos a firmar a favor del derecho a la salud sin contemplaciones de todo el mundo, tenga papelotes o no (y digo papelotes, porque ni creo en fronteras, ni creo en papeles etiquetadores de seres humanos). La podéis ver en: Podéis ver su entrada aquí: http://maranathacristoessalvacion.blogspot.com.es/2012/04/una-carmelita-misionera-lanza-una.html
y firmar aquí de paso: http://actuable.es/peticiones/queremos-salud-tambien-los-inmigrantes-apartheidsanitario

A continuación un pequeño extracto de la entrada para que sepáis de que va el tema:

“Una carmelita misionera lanza una campaña en contra del “apartheid sanitario”

El gobierno va a negar a los inmigrantes en situación irregular el acceso a los servicios de salud. Es una medida inmoral e injusta. Digámoslo.
Soy Carmelita Misionera y además enfermera y comadrona y he trabajado 30 años en África Subsahariana, teniendo que hacer de médico por falta de éstos

Ahora estoy en España, y tengo la suerte de trabajar con personas inmigrantes. Conozco lo que les ha obligado a dejar su tierras y sus hogares: no lo hacen por turismo, si no con la voluntad de darle una vida mejor a sus familias. Me duele y me cuesta creer que una sociedad como la española, que se ha gloriado de ser solidaria y hospitalaria, les niegue un derecho tan fundamental y básico como es el ir a un médico y proteger su salud.
Que estos cientos de miles de personas no puedan ir al médico sólo va a tener consecuencias negativas, y no sólo en su salud, sino en la de todos: provocará un colapso todavía mayor de las urgencias, y el agravamiento de problemas de salud pública, como el contagio de enfermedades como la tuberculosis, que se concentra en algunos grupos de población inmigrantes. No permitamos que esto ocurra.

Yo creo en una sociedad en la que ayuda y protege a las personas más débiles. Y por eso te pido que firmes esta petición y le pidas al Gobierno que derogue esta injusta medida y garantice la sanidad para todos, y sobre todo para las personas más necesitadas.

PD: El gobierno ha alegado un ahorro de 500 millones de euros como justificación para esta medida. Si lo comparamos con los más de 750 millones que los clubes de fútbol españoles deben a Hacienda, o con los más de 1.000 millones que ha costado el desierto aeropuerto de Ciudad Real, la medida es todavía más incomprensible.

Firma Ya:), Firma aquí http://actuable.es/peticiones/queremos-salud-tambien-los-inmigrantes-apartheidsanitario

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Los paradigmas, la desestructuración familiar y la genética que nos conduce al que nos protege


Anteayer estuve comiendo en un restaurante, un lugar donde se celebran lo que ahora se llaman “events”, que queda mejor parece ser que “eventos” o “acontecimientos” (esté último debe ser un término-pesadilla para los marketinianos).

Había muchos “events”, un bautizo, unas bodas de oro, una comunión, y algunos “no mencionados” más privados, eso de “vamos hoy a celebrar que es Viernes:)”.

El restaurante tiene, como podéis imaginar, varios espacios separados. Uno de ellos es digamos “el comedor general” destinado a los “no events”, que está como un poco más en el interior del edificio, donde estábamos nosotros y luego había otro espacio, más hacia el exterior (con vistas), separado del nuestro por una cristalera, que nos permitía observarnos unos a otros (después de todo, a ver porque nos reunimos personas que no nos conocemos en un mismo espacio a hacer algo que podemos hacer individualmente:).

Había una familia con uno de los “events”, un bautizo aparentemente. El centro, una señora de unos 45 años digna de Botero, morena racial, con tantos kilos de más como pintura llevaba en la cara. Y lo más importante, detrás de esa forma de “encarnación terrestre”, había un espíritu claramente mandón. Era la típica matriarca que crea su identidad a través del poder que ejerce sobre los cercanos que le rodean (para mi estos seres, siempre tienen cierto componente psicópata).

Me hubiera gustado fotografiarlos, sólo para analizar su lenguaje corporal con más detenimiento y comprender mejor como funcionamos los seres humanos. En total serían unos 10, deduzco que 2 hijas con nietos, yernos, quizá un hijo y pareja y marido. Me llamó la atención que mientras la familia entera permanecía de pie, alrededor de la mesa, ella (la Sra.Botero) ya estaba sentada. Toda su familia era “un poema visual”; exhibían un lenguaje corporal colectivo para mi un drama en silencio, de alejamiento de ella, como queriendo escapar, pero TO-DOS E-LLOS, no eran unos pocos, eran TODOS-TODOS. Unos con la cabeza mirando en dirección opuesta, otros con la cabeza inclinada hacia el suelo como mirando los zapatos, otros más buscando actividades alternativas que les permitiera alejarse. Ninguna mirada, ninguna cabeza, ningún cuerpo se “enfrentaba” al poder de la Sra. Botero.

Y de pronto algo resonó en mí. Era mi propia disfunción familiar. (Otra joyita la palabrita esta: “disfunción”).
No es que yo sea matriarca, como no tengo hijos, pues no puedo serlo:). Pero tengo sobrinos que han atestiguado ante terceros que me quieren y yo atestiguo ante quien sea que les quiero y mucho, a ellos. Por lo que creo que no doy con el perfil psicópata anterior:).

Pero pensé en mi familia de origen, en como fue su “origen” hace varias generaciónes, lo que sufrieron “disfuncionalmente” en sus propias familias y lo que luego nos hicieron sufrir a nosotros. Es sorprendenete darse cuenta de como el mal que hicieron unos hace generaciones, lo reciben las nuevas.

Me hice consciente, que ya hacia tiempo que había descubierto que tu familia es sólo quien te ama incondicionalmente, sin expectativas. Con compromiso. Con esfuerzo constante en comprender que eres tú (véase “el arte de amar” de Erich Fromm). Supe que “tener familia” no depende ni de la genética, ni de la “sangre”. Pensé con tristeza, en como “la vida” ese ente intangible, inmmaterial, sin forma ni esencia, al que todo el mundo echa la culpa de sus desgracias, ha ido eliminando de “mi vida”, “mi” familia “extensa”, como consecuencia de sus actos. Cosas como soberbias descontroladas por aumento de bienes materiales, o cierta conciencia de superioridad por adquisición de “títulos”, o sencillamente traiciones varias. Todos salvo dos excepciones – curiosamente los “menos funcionales”-, de una familia extensa de unos 40 miembros fueron “cayendo” de mi concepto de “tengo una familia“.

“Primo”, “tío”,”abuela”, son solo etiquetas, a modo de títulos nobiliarios. Sin amor no son nada. Y de esta manera tan sencilla decidí un buen día, dejar de “tener familia extensa”, de considerarlos “mi familia”. Me quité un peso de encima.

Pero no incluí en tal declaración de intenciones, al “núcleo central”, que tampoco funcionaba muy bien. Esto es mi familia directa, directísima. Y aquí entra, creo yo, la genética. La tv. esta llena de series con personas adultas hechas y derechas, que llevan en su interior niños rotos, por conflictos no solucionados desde su tierna infancia. Para bien o para mal, los traumas los suelen causar los “más directos”, no tanto la familia extensa. Por lo que sé, nuestra genética, por una cuestión evolutiva de supervivencia, nos condiciona a un lazo invisible con “la familia nuclear”, que cuando queremos romperlo por una cuestión de salud mental, nos resulta imposible sin que se resienta la misma salud mental (gracias a ello existen tantos guionistas agradecidos, de series de televisión). Es una cuestión de “polluelos”, cuando uno se sabe polluelo, no abandona el nido voluntariamente.

Me sorprendió darme cuenta de que aunque fuí capaz de entender que “primo”, “tio”, eran “etiquetas vacías” y esto me permitió excluirlos de manera automática de lo que consideraba mi “familia” sin embargo no pude mantener la perspectiva “objetiva” para comprender exactamente lo mismo de mi “familia cercana”, por la famosa “ley del polluelo”.

Me hicieron unas cuantas, me las siguen haciendo.. pero hay una niña interior que se resistía a separar el “concepto-idea familia” del “hecho real familia”. Una niña que no podía quedar desprotegida. Hasta ayer.

Ayer me di cuenta de que todos vivimos dentro de un paradigma. Un modelo de como “debe” ser el mundo. Un modelo de como “no ser diferentes”, tener pareja, familia, amigos, trabajo (uno bueno eso sí); del como “tener” o no “tener” (y fíjate que digo “tener”) estas relaciones, objetos o seres representará la diferencia cruda entre sentirse una persona “que tiene éxito = es feliz” o “un ser muy pero que muy disfuncional”.

Sólo un mapa mental, una construcción mental dirigiendo nuestras vidas. Una idea o un grupo de varias ideas, entidades inmateriales, que nos convierten en personas que se encuentran o “a gusto con la vida” (en palabras de Martina Klein) o en seres destinados al basurero social de los que no valen un huevo. Un paradigma.

Un tío mio (de los “funcionales”) me enseñó a deconstruir, a cuestionarmelo todo.. para luego re-construir desde mi propia elección. Me enseñó a elegir. Y nunca se lo agradeceré lo bastante. Ayer cuando ví a la familia Botero, ví el sufrimiento que la necesidad de tener una familia puede producir, llegando a extremos humillantes, dolorosos y quizá a la larga enfermantes.

Los paradigmas no se eligen, te poseen como entidades maléficas. Y como en el teatro romano, cuando señalan con el dedo hacia arriba, te va bien. Y si señalan con el dedo hacia abajo, pues ya sabes lo que toca. Yo tenía una familia.. hasta ayer. Hasta que comprendí que sólo estaban en mi cabeza, que eran ideas aunque con la fuerza de la genética. Comprendí que les pasaba lo mismo que a la familia extensa.. sin compromiso, sin amor profundo, no existe “familia” por muchas etiquetas y clasificaciones, títulos que les queramos poner a las personas de las que hemos nacido, o que han nacido con nosotros.

Una amiga, que sufrió violación familiar, me decía que a los seres que te aman sólo hay que verlos por sus hechos, no por sus palabras.

Y como decía una de las azafatas de “Pan-am”, una serie de azafatas norteamericana, a una madre controladora y posesiva, cuando decidió independizarse de sus expectativas: “Estoy bien. No necesito a nadie para estar bien”