Pobre de nos, lo que nos espera


Soy de la generación de “the wall”. Cantaba aquella canción con la firme convicción de que la enseñanza era una forma de programación mental. Lo sigo creyendo.

Soy muy partidaria de una educación basada en el respeto entre seres humanos, independientemente de la edad que tengan (y lógicamente otras características). Pero hay un punto medio. No todos nacen “Lisa Simpson” con una inclinación natural hacia la conducta ética. No todos nacen o se desarrollan así.

Existen muchos niños que están siendo mal-educados, desde la indiferencia educativa, con la creencia de que la única educación que necesitan está contenida en el programa de su colegio. Otros niños reciben una ¿educación? basada en la satisfacción de todos sus deseos, de tal manera, que se van creando progresivamente pequeños dictadores que cuando llegan a cierta edad (y actualmente esta “cierta edad” se puede situar perfectamente a los 12 años), pueden convertirse en pre-psicópatas con tendencia a agredir en primer lugar a sus propios padres. Por lo que observo, es mayoritario en la actualidad.

Esta última tipología es la que intuyo que tiene más peligro para mi generación. Sus características: Edades entre 12 y 17 años, van siempre en grupitos de al menos 4, echados pa´lante, aguantan la mirada con desafio indisimulado ante cualquiera que sea algo mayor que ellos y que les diga algo que no les gusta. Se complacen saltando las reglas, y cuando adulto le informa que están perjudicando, salen con algún argumento en tono chulesco “que esto es una democracia y ellos tienen derechos”. Si te encaras con uno de ellos, va a por ti el número 2 del grupo, y si te enfrentas a este, te sacan los ojos entre todos si hace falta.

Una de estas la viví en una piscina pública. Yo con muchos otros adultos estábamos nadando. De repente se acerca uno de estos grupos heavy-teen, y se tira uno detrás de otro, sobre el agua de la piscina, salpicando a todos los presentes. Todos los adultos tuvieran que dejar de nadar, y salir de la piscina. Algunos les hicimos saber que estaban haciendo daño, pero les fue lo mismo.

Hoy en una biblioteca, otro caso idéntico. Un grupito de unos 14 años se acercó, arrastró sillas mientras hablaban en voz alta y se sentaban algunos por el suelo. Osea la conducta que esperarías de unos delicuentes del Harlem más profundo. Dos de los presentes, les pedimos que parasen y obteníamos respuestas chulescas y desabridas, del que encuentra la fuerza en el grupo para dañar a otros sin consecuencias.

El problema no es que no podamos nadar en una piscina, el problema no es que me echen de la biblioteca. El problema es que estos niños, serán los adultos que me cuidaran en una residencia de ancianos, los que me atenderán en las instituciones correspondientes cuando necesite ayuda en la vejez, será el personal sanitario del futuro, el que vendrá a nuestras casas a atendernos cuando no podamos valernos por nosotros mismos. Y esto, señores y señoras lectores, es el verdadero problema. Llegar a depender de estos macacos porque sus padres se inhibieron de educarles en valores.

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